Respiración y cerebro: cómo influye tu manera de respirar en lo que sientes

¿Te has fijado alguna vez en cómo respiras cuando estás nerviosa, enfadada o preocupada? Seguramente no demasiado. Cuando tenemos mil cosas en la cabeza, lo último en lo que pensamos es en nuestra respiración.

Pero nuestro cuerpo sí está respondiendo a lo que vivimos. Cuando tenemos miedo podemos respirar más deprisa, cuando nos enfadamos a veces contenemos el aire y cuando estamos tranquilas la respiración suele hacerse más pausada.

Y aquí hay algo muy interesante: igual que nuestras emociones cambian nuestra respiración, nuestra manera de respirar también puede influir en cómo nos sentimos.

Tu cerebro no funciona separado de tu cuerpo

Imagina que has tenido una discusión. Ya ha terminado, pero sigues dándole vueltas a lo que te han dicho, a lo que has contestado o a lo que tendrías que haber dicho.

Mientras tanto, quizá tienes la mandíbula apretada, los hombros tensos y el corazón algo acelerado. La discusión ha terminado, pero tu cuerpo todavía sigue reaccionando.

Nuestro cerebro recibe continuamente información de lo que sucede dentro del organismo. De cómo late el corazón, de la tensión muscular y también de cómo respiramos.

Por eso, cuando estamos muy alteradas, puede costarnos más escuchar, pensar con claridad o encontrar otras soluciones. Nuestra atención se concentra en aquello que nos preocupa.

No es lo mismo intentar resolver un problema cuando estamos tranquilas que cuando todo nuestro cuerpo está en alerta.

¿Qué relación hay entre la respiración y el sistema nervioso?

La respiración tiene algo especial: funciona automáticamente, sin que tengamos que pensar en ella, pero también podemos modificarla voluntariamente.

Está relacionada con el sistema nervioso autónomo, que participa en la regulación del corazón, la digestión y muchas otras funciones del cuerpo. El nervio vago forma parte de esa comunicación entre el cerebro y distintos órganos.

Las investigaciones han observado que respirar de forma lenta y cómoda puede influir en el ritmo cardíaco y favorecer algunos mecanismos de regulación del organismo. También sabemos que la respiración está relacionada con la actividad cerebral implicada en la atención y las emociones.

Esto no significa que podamos eliminar el miedo, el enfado o la preocupación simplemente respirando.

Pero sí significa algo importante: podemos utilizar la respiración para ayudar a nuestro cuerpo a salir, poco a poco, de un estado de tanta activación.

Y cuando nuestro estado cambia, también puede cambiar nuestra manera de afrontar lo que nos está pasando.

Ahora vamos a llevarlo al cuerpo

Porque una cosa es comprender todo esto y otra muy distinta es experimentarlo.

Quiero compartir contigo una práctica que utilizamos para trabajar con la respiración: la respiración 4-7-8.

Consiste en inspirar durante cuatro segundos, mantener el aire durante siete y dejarlo salir durante ocho. Es una manera de prestar atención al ritmo respiratorio y alargar la salida del aire.

No hace falta forzar la respiración ni conseguir esos tiempos a toda costa. Si te resulta incómodo mantener el aire, puedes empezar simplemente respirando de manera suave y alargando un poco la exhalación, sin retenciones.

Te he dejado aquí mi audio guiado para que puedas probarlo con calma.

Audio gratuito: respiración 4-7-8 para el sistema nervioso

Busca un lugar tranquilo, siéntate cómodamente y dedica unos minutos a escucharlo. Si notas mareo, falta de aire o incomodidad, interrumpe la práctica y vuelve a respirar con normalidad.

Cuando termines, observa cómo estás. ¿Hay alguna diferencia en tus hombros, en la mandíbula o en el pecho? ¿Sigues con el mismo nivel de tensión?

Quizá notes algún cambio o quizá no. No se trata de conseguir relajarnos obligatoriamente, sino de empezar a reconocer cómo responde nuestro cuerpo.

No siempre necesitamos seguir pensando

Muchas veces, cuando algo nos preocupa, creemos que encontraremos la solución si seguimos dándole vueltas. Pero cuanto más pensamos, más nerviosas nos ponemos, y cuanto más nerviosas estamos, más difícil puede resultar ver las cosas de otra manera.

Por eso me parece tan importante aprender a reconocer cómo estamos antes de reaccionar.

La respiración no va a solucionar una discusión ni a hacer desaparecer nuestras preocupaciones. Pero puede ayudarnos a no responder siempre desde el mismo estado de tensión.

Y no hace falta esperar a estar muy nerviosas para practicar. Podemos empezar por algo tan sencillo como observar cómo respiramos cuando tenemos prisa, cuando estamos trabajando o cuando nos exigimos demasiado.

Porque muchas veces estamos tan pendientes de todo lo que sucede fuera que nos olvidamos de escuchar lo que está pasando dentro.

Si quieres seguir comprendiendo lo que sucede en tu cuerpo

La respiración es solo una parte de esa relación tan estrecha que existe entre el cuerpo, el cerebro y las emociones.

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Sonia Campos Magallanes · ImaginaYoga